El silencio de Will y la incomodidad ajena
Por qué la escena de Will en Stranger Things incomodó a tanta gente. Y por qué dice más de quienes se sintieron incómodos que de la propia serie.
Cuando Stranger Things mostró, de forma contenida y profundamente humana, el dolor silencioso de Will al hablar de aquello que siente y nunca ha conseguido decir en voz alta, la reacción en redes sociales fue inmediata. Y violenta. Para muchas personas, la escena fue considerada innecesaria, forzada, ideológica o política. Para otras, simplemente estropeó la serie.
Pero el malestar colectivo rara vez surge de la nada. Y casi nunca tiene que ver con lo que aparenta.
La verdad es sencilla e incómoda: la escena incomodó porque hizo visible algo que mucha gente todavía prefiere mantener oculto. No fue el guion. No fue la interpretación. No fue el momento narrativo. Fue el hecho de que un chico, dentro de un universo asociado a la nostalgia, la amistad masculina y una infancia idealizada, expresara de forma clara y dolorosa su homosexualidad.
La ilusión de la neutralidad
Uno de los argumentos más repetidos fue que Stranger Things “no necesitaba eso”. Como si hablar de identidad sexual fuera un añadido artificial a una historia que, supuestamente, ya funcionaba sin ese elemento.
Este argumento parte de una premisa falsa: que la heterosexualidad es neutra, universal y no necesita justificación, mientras que cualquier otra identidad sí debe tener una razón narrativa para existir.
Desde el inicio de la serie, Will es presentado como diferente. No en un sentido caricaturesco, sino en la forma en que ocupa el espacio, se relaciona con sus amigos y es con frecuencia objeto de insultos y exclusión. Su diferencia nunca fue sutil. Lo sutil fue la forma en que la serie decidió tratarla.
Durante varias temporadas, la narrativa construyó a Will como alguien que siempre va un paso por detrás del grupo. Mientras los demás crecen, se enamoran, exploran el deseo y el cambio, él permanece anclado a algo que no consigue nombrar. No por inmadurez, sino por miedo. Por falta de lenguaje. Por falta de seguridad.
Ignorar esto habría sido, eso sí, un error narrativo.
El rechazo a la vulnerabilidad masculina
Otro elemento central del rechazo es la manera en que la escena rompe un patrón muy concreto: el de la masculinidad emocionalmente contenida. Will no grita. No hace un gran discurso. No se “declara” de forma espectacular. Habla bajo. Llora. Duda. Tiene miedo de perder a su amigo. Tiene miedo al rechazo.
Para muchas personas, especialmente hombres, ver a un chico expresar vulnerabilidad emocional ligada a su homosexualidad sigue siendo profundamente incómodo. Porque desafía dos pilares al mismo tiempo: la norma heterosexual y la idea de que los hombres deben sufrir en silencio.
Buena parte de la reacción negativa no fue solo homofobia explícita, sino la incapacidad de gestionar un tipo de dolor que no encaja en el modelo clásico del héroe masculino.
Intolerancia disfrazada de crítica cultural
Es importante llamar a las cosas por su nombre. Una parte significativa de las críticas a la escena fue pura intolerancia, aunque disfrazada de discurso cultural o narrativo.
Frases como “lo están metiendo con calzador”, “ahora todo tiene que ser gay” o “están sexualizando a menores” revelan más sobre quien las dice que sobre la escena en sí. La escena no es sexual. Es emocional. Habla de afecto, identidad y soledad. Solo parece sexual a quien reduce la homosexualidad al sexo, mientras considera la heterosexualidad como romance, crecimiento y normalidad.
Además, Stranger Things siempre ha tratado temas de crecimiento, descubrimiento e identidad. Lo que cambia es que, esta vez, no es una experiencia que la mayoría haya vivido. Y eso genera resistencia.
Por qué la escena era esencial para el arco de Will
Desde el punto de vista narrativo, la escena no es un desvío. Es un punto de llegada.
Will es el personaje que fue literalmente arrancado del mundo “normal” y devuelto cambiado. Carga con el trauma de haber estado en el Otro Lado, pero también con el de no haber tenido nunca espacio para ser quien es. Su apego constante al pasado, a la infancia y al grupo no es solo nostalgia. Es también una forma de aplazamiento.
Mientras los demás avanzan, él se queda. No porque no quiera crecer, sino porque crecer implica revelar algo que aprendió, muy pronto, que podía costarle el rechazo.
La escena en la que habla, de forma indirecta, de lo que siente es un momento de liberación parcial. No es un final feliz. No cierra el arco. Es un paso. Y precisamente por eso resulta tan real.
Eliminar esa escena habría convertido a Will en un símbolo vacío. Mantenerla lo reconoce como un personaje completo.
Representación no es propaganda
Otro error habitual fue confundir representación con activismo forzado. Mostrar personajes LGTBI no es propaganda. Es reflejo de la realidad.
Las personas LGTBI siempre han existido. Siempre han formado parte de grupos de amigos. Siempre han vivido amores no correspondidos. Siempre han sentido miedo a hablar. Lo que ha cambiado no es su existencia, sino su visibilidad.
Cuando una serie como Stranger Things incluye esta narrativa, no está “cambiando el mundo”. Está reconociendo algo que siempre estuvo ahí.
Lo que realmente molesta a muchas personas es que esa visibilidad rompe la ilusión de que su experiencia es la única válida.
El miedo a perder el espejo
Buena parte de la ira nace del miedo. Miedo a perder referencias. Miedo a dejar de verse reflejado como centro del relato. Miedo a que el mundo ya no se construya exclusivamente a su imagen.
Pero la inclusión no es sustitución. La historia de Will no borra la de nadie. Simplemente, ocupa un espacio que siempre le perteneció.
Por qué seguimos necesitando estas escenas
Si la escena incomodó, es porque sigue siendo necesaria.
Incomodó porque expuso intolerancias no resueltas. Incomodó porque mostró que la homosexualidad no siempre es colorida, segura o celebrada. A veces es solitaria. A veces duele. A veces se vive en silencio.
Y eso es profundamente humano.
La reacción en redes sociales confirmó exactamente lo que la escena planteaba: seguimos viviendo en un mundo donde decir quién eres puede costar afectos, pertenencia y seguridad.
Por eso sí, la escena era importante.
Para el arco de Will.
Para la coherencia de la historia.
Y para recordarnos que crecer, para algunas personas, sigue siendo un acto de valentía.








