La fama en internet tiene una vida media de 72 horas
De viral a olvidado en un suspiro: por qué perseguir el pico sin estrategia es la forma más rápida de desaparecer.
Llevo más de diez años trabajando con marcas en el entorno digital. He visto nacer influencers, morir hashtags, explotar challenges y evaporarse cuentas que parecían imparables. Si algo he aprendido es esto: internet no tiene memoria emocional, solo tiene scroll.
Esta semana leí un artículo muy interesante de Later titulado From Viral to Vanished: The Virality Expiration Curve que pone números a algo que muchos intuimos desde hace tiempo: la viralidad tiene fecha de caducidad. Y no es larga. En muchos casos, el pico dura horas. A veces, uno o dos días. Con suerte, tres.
Luego, silencio.
La curva es bastante clara. Subida explosiva, saturación rápida, caída abrupta. Como los fuegos artificiales, mucho brillo, mucho ruido y después humo.
Spoiler: no lo garantiza.
He visto campañas que arrasaron durante 48 horas y no dejaron ni un lead cualificado. He visto perfiles crecer 200.000 seguidores en una semana y perder relevancia en un mes porque no había narrativa, ni propuesta, ni consistencia. He visto CEOs emocionados por salir en tendencias que, dos semanas después, no sabían cómo capitalizar esa atención.
La viralidad no es crecimiento.
Es exposición.
Y exposición sin estructura es ruido.
El artículo de Later habla de esa “curva de expiración”. Lo interesante no es que lo viral desaparezca rápido. Eso lo sabemos todos los que trabajamos en digital. Lo interesante es entender que el algoritmo premia la novedad, no la profundidad. Y la novedad se agota.
Cada día compites contra más contenido, más creadores, más estímulos. La atención es finita. La oferta es infinita. Matemáticamente, alguien va a quedar fuera del foco en cuestión de horas.
Entonces, ¿qué funciona?
Construir.
Y hablando de construir, estos días está circulando otro debate interesante, en LinkedIn, si con IA puedes montar tu propio CRM en cuestión de horas. Sí, se puede. Pero el verdadero problema no es construirlo, es qué pasa después cuando Marketing y Ventas necesitan operar con datos conectados y el sistema no escala. Si te interesa el tema, hay un webinar que promete desmontar los mitos más repetidos y aterrizarlo con ejemplos reales.
Marca, relato, coherencia, frecuencia, comunidad. Lo menos sexy y lo más rentable. Lo que no se celebra en un gráfico de picos, pero sostiene el negocio cuando la ola baja.
Las marcas que sobreviven no son las que gritan más fuerte un día. Son las que dicen algo con sentido todos los días. Las que entienden que el objetivo no es que te vean millones de personas una vez, sino que te recuerden las personas correctas muchas veces.
La viralidad muchas veces alimenta el ego más que el negocio.
Porque es fácil medir visualizaciones. Es más difícil medir confianza. Es fácil celebrar un trending topic. Es más complejo construir autoridad.
Dicho esto, he llegado a una conclusión bastante poco glamourosa: prefiero 10.000 personas que entiendan lo que hago, que un millón que me vio de pasada mientras esperaba el autobús.
La fama digital no es estable. Es intermitente.
Hoy eres tendencia. Mañana eres “¿te acuerdas de…?”.
Y eso no es malo. Es la naturaleza del medio.
Lo peligroso es confundir visibilidad con relevancia.
Así que sí, la viralidad puede ser maravillosa. Puede abrir puertas, acelerar conversaciones, generar oportunidades. Pero si no hay estrategia detrás, se convierte en una anécdota.
Internet no premia al que se hace viral. Premia al que sabe qué hacer cuando deja de serlo.
Créditos al artículo de Later, From Viral to Vanished: The Virality Expiration Curve, por poner estructura a algo que muchos llevamos años viendo en la práctica.




